La mansión del placer (2)

DominaciónFelicia empieza a descubrir el tipo de vida a que la señora de la casa está acostumbrada

Al poco rato, Felicia se puso la bragas y volvió a la cocina. Aún sentía un poco flojas las piernas. Más tarde se presentó ante los señores para ver si deseaban algo. La trataron como si nada hubiese pasado. Aunque el señor la miraba con ojos penetrantes. Ella no le mantenía la mirada. No podía.
 
La tarde la tenía prácticamente libre para hacer lo que quisiera. Paseó por el amplio jardín trasero, junto a la hermosa piscina. Se maravilló de lo bien que vivían ciertas personas afortunadas, y se entristeció por lo mal que vivían otras muchas. Ahora ella vivía entre ellos. Una vida cómoda. Era afortunada. Aunque sólo era la sirvienta, no se podía quejar. Buen sueldo, trabajo sencillo…y placer. Firmaría con gusto para muchos años.
 
Los señores salieron a cenar, así que Felicia tenía la casa para ella sola. Se preparó una liviana cena y se fue a su cuarto. Vio un rato la tele y se durmió.
 
El sonido del despertador la hizo salir un sueño. No recordaba que era, pero era agradable. Se levantó, se aseó y se preparó para un nuevo día de trabajo. Lo primero, desayunar. Se dirigió a la cocina y se sorprendió de ver a la señora ya allí.
 
-Buenos días, señora.
-Buenos días, Felicia.
-Qué temprano se levanta vd. hoy.
-Es que anoche bebí más de la cuenta y estaba un poco mareada.
-¿Le preparo algo?
-Un zumo de naranja y lo mío.
-¿Lo suyo?
 
La señora la miró, con enfado. ¡ Lo suyo !.
 
“Coño!!! Lo suyo. Joder, que torpe”.
 
-Oh, lo siento, señora. En seguida.
 
Se dirigió rápidamente al piso superior y tocó a la puerta del dormitorio principal.
 
-Pase.
-Buenos días, señor, vengo a por…
 
Don Francisco se sentó al borde de la cama. Estaba desnudo, pero su polla aún estaba floja. Felicia se acercó y se arrodilló entre sus piernas. Fue a cogerla con una mano.
 
-No. No quiero que me toques con las manos. Usa sólo la boca.
-Como desee, señor.
 
Acercó la boca y empezó a besar la fláccida polla, que poco a poco fue tomando consistencia. Se le metió en la boca. Siempre le había gustado la sensación de una polla floja que se va endureciendo dentro de su boca. Disfrutó de la sensación del miembro que se dilataba. En pocos segundos, tenía una dura barra de carne entre los labios.
 
Empezó la mamada, sólo con su boca. Subía y bajaba la cabeza. Le entraba fácilmente hasta la mitad. Más no podía. Él se apoyó con las manos en la cama, echándose un poco hacia atrás. Así podía ver la hermosa cara de Felicia. Podía ver como su polla entraba y salía de aquella boca de carnosos labios.
 
Felicia miraba hacia el pubis y la barriga del señor.
 
-Mírame a los ojos.
 
Levantó los ojos. Ahora si que pudo aguantar la penetrante mirada de él. Sus ojos se entornaban por el placer recibido.
 
-Eres una mujer muy hermosa, Felicia.
 
Ella no le respondió, pues tenía la boca llena, pero se sintió muy bien, muy a gusto dándole placer a ese hombre.
 
-¿Estás mojada?
 
Felicia asintió.
 
-Levantate.
 
Felicia obedeció. La polla quedó brillante. El señor se echó hacia atrás, cayendo sobre la cama
 
-Siéntate sobre mi cara
 
La chica se estremeció. Se descalzó para no manchar la cama y se subió a ésta. Se puso sus piernas a ambos lados de la cabeza del señor y se agachó, formando un perfecto 69. Retomó la mamada en donde la había dejado, sólo que esta vez él besó sus bragas.
 
Las encontró mojadas. Y le encantó su olor. Le pasó la lengua a lo largo de la raja de su coño, sobre la braga. Felicia gimió de placer, y le chupó la polla con más fuerza. Sintió como él apartaba las bragas y le pasaba ahora la caliente lengua directamente sobre sus labios. Lo oyó hablar.
 
-Ummm que rico coñito tienes
 
El calor de su aliento la hizo volver a gemir. Sus gemidos se transmitían en forma de vibración a la polla que tenía en la boca.
 
Entonces, el señor empezó a comerle el coño en serio. En cuando empezó a mover la lengua, a lamer, a besar, a chupar, Felicia se dio cuenta de que ese hombre era un experto. Recordó como gemía la señora cuando los vio en el salón. Y ahora ella era la afortunada.
 
Cerró los ojos para que todos sus sentidos se concentraran en su coño y en su boca. Aquella maravillosa lengua llegaba incluso hasta su ano, y lo lamía, intentando penetrarlo. Sus jugos caían sobre la cara y la boca del señor.
 
Felicia sintió como su orgasmo se formaba lentamente, como el placer subió de intensidad hasta que estalló con fuerza. Se sacó la polla de la boca por temor a morderla, porque todo su cuerpo se tensó, pero él le cogió con fuerza la cabeza y la obligó meterse otra vez la polla dentro. En cuanto la tuvo, se empezó a correr a borbotones. Felicia cerró los labios para que aquella caliente y espesa leche no se escapara. Cada chorro iba acompañado por un espasmo de la polla. Llegó un momento en que no le cabía más semen, así que optó por tragarse un poquito antes que dejarlo escapar.
 
El orgasmo de Felicia terminaba cuando el sorbito de semen llegaba a su barriga.
 
-Será mejor que vayas rápido a darle a mi mujer lo suyo.
 
Se levantó corriendo y se dirigió a la cocina. La señora la esperaba. Parecía impaciente. Felicia se acercó y le dio el contenido de su boca. La señora se lo tomó despacito. Luego la miró con cara de enfado.
 
-¿Por qué has tardado tanto?
-Disculpe, pero el señor….
-¿No se corría?
-No – le mintió. No sabía si podía decirlo o no la verdadera razón.
-¿No será que no sabes chupar una polla como es debido? A lo mejor me he equivocado contigo.
-Lo siento, señora. La próxima vez lo haré mejor.
-Eso espero. Porque esta noche doy una fiesta y te va a tocar la recolección.
-¿Recolección?
-Sí. A partir del medio día empezarán a traer la comida y la bebido. Ellos se encargarán de todo. Tú sólo tendrás que supervisar que todo vaya bien.
-De acuerdo, señora.
 
En ese momento apareció el señor por la puerta.
 
-¿Cómo tienes la cabeza? – preguntó él.
-Todavía un poco espesa. Pero parece que no fue la única que se pasó con la bebida.
-¿Por qué lo dices?
-Ummmm me hiciste esperar por mi lechita.
 
Se acercó y la besó. Felicia se dio la vuelta para darles intimidad. Pero antes, cruzó su mirada con la del señor. Se estremeció.
 

 
La casa se empezó a llenar de camareros que desplegaron mesas y las cubrieron con magníficos manteles y una lujosa vajilla. Felicia prácticamente no tenía que hacer nada, sólo mirar como los demás trabajaban. Más tarde empezó a venir la comida. Aquello iba a ser un gran banquete. Había comida para un regimiento.
 
Sobre las ocho de la noche todo estaba listo. Los camareros se fueron, y sólo quedó Felicia como encargada. La comida era tipo buffet, así que cada invitado se serviría.
 
Empezaron a llegar. Todo parejas muy distinguidas, elegantes y sofisticados. Los señores de la casa daban la bienvenida a todos y cada uno de los invitados. Frases amables, besos y estrechadas de manos. Sobre la nueve y media dejaron de aparecer más invitados, y Felicia supuso que ya estaban todos. Deberían haber sobre 30 parejas, de varias edades. Se formaron grupitos de gente hablando, riendo. Felicia, en un lado del inmenso salón vigilaba que todo estuviese en orden. Todo iba de perlas.
 
Vio que la señora la llamaba. Se acercó a ella con rapidez
 
-Dígame señora.
-Parece que ya estamos todos, Felicia.
 
La señora le dio una copa vacía. Felicia la tomó.
 
-Bien, Felicia. Traémela llena.
-Sí señora. ¿Llena de qué?
-De qué va a ser. De semen.
 
Casi se le cae la copa al suelo. Se quedó petrificada.
 
-¿Y…de dónde…?
-Pareces tonta. De donde va a ser. De los invitados, por supuesto. Están aquí para eso.
 
Felicia miró a su alrededor, a todos aquellos hombres que iba a lo suyo. No se había movido ni un ápice.
 
-¡ Pero no te quedes ahí parada !. Empieza la recolección ya.
 
Recolección. Eso le había dicho por la mañana, pero no le había prestado atención. Y ahora se suponía que tenía que recolectar el semen de todos los invitados, recogerlo en la copa y dárselo a la señora.
 
No sabía cómo empezar. Por dónde empezar. ¿Que tenía que hacer? Acercarse a cada invitado ..¿Y..?
 
Una de las invitadas que había visto toda la escena, se acercó a ella.
 
-¿Es tu primera vez, verdad?
-Sí. Y no sé como empezar.
-Ven conmigo – le dijo, agarrándola de la mano.
 
La llevó junto a un grupo de tres hombres que hablaban sobre no se qué guerra.
 
-Caballeros, esta es la recolectora. Es su primera vez, así que sean amables con ella.
 
Uno los hombres se acercó, le puso la mano en un hombro.
 
-Arrodíllate.
 
Felicia obedeció. La mujer que la había ayudado le bajó la bragueta al hombre y le sacó la polla, que aunque aún morcillona enseguida estuvo bien dura.
 
-Bueno, puedes hacer con cada polla lo que quieres mientras el semen acabe en la copa, a no ser que el invitado te pida alguna cosa específica.
-Yo quiero una mamada – dijo el hombre.
-Ya ves, este quiere una mamada. El resto es fácil, sólo te acercas a los hombres y les dices que eres la recolectora. No es la primera vez que venimos a una de estas ‘fiestas’.
 
La mujer se fue y dejó a Felicia arrodillada delante de aquella dura polla.
 
-¿A qué esperas, zorrita? Chúpame lo polla.
 
Felicia abrió la boca y se metió la polla en la boca, empezando una lenta mamada. Los otros dos compañeros miraban la escena. Sus pollas también estaban duras y formaban sendos bultos en sus pantalones.
 
El coño de Felicia se empezó a mojar. Iba a estar chupando pollas un buen rato.
 
-¿Que tal chupa la nueva? – preguntó uno de los dos espectadores.
-Agggg nada mal, nada mal. Me va a vaciar los huevos en un momentito.
 
Esas palabras hicieron sentir orgullosa a la recolectora, que aumentó el ritmo de la mamada. El hombre gimió con más fuerza, entornando los ojos. La polla empezó a temblar. Felicia se preparó. Subió la copa hasta cerca de la boca, para que el hombre pudiera correrse dentro. Pero él no le sacó la polla, y se corrió abundantemente dentro de su boca. Felicia sintió los potentes y espesos chorros de semen estrellándose contra su paladar. Sus bragas ya estaban empapadas del todo.
 
El invitado sacó la polla de su boca. Felicia acercó la copa y dejó salir todo la caliente lechita. Su boca se quedó impregnada del salado y amargo sabor del semen del hombre.
 
-Aún queda un poco, zorrita.
 
Felicia apretó la polla con la mano, desde la base hasta la punta, y unas pocas gotas gotearon dentro de la boca. Le dio un ultimo lametón para dejarla limpia.
 
-Muchas gracias, señor.
 
Él se guardó la polla mientras Felicia, con la copa conteniendo la primera corrida de la noche, se giró hacia otro de los hombres. Pasado el trance de la primera, con la segunda ya fue más decidida.
 
-Permítame, señor.
 
Le bajó la bragueta. El segundo afortunado puso sus manos a la espalda y se dejó hacer. Vio como la hermosa sirvienta le metió la mano y le sacó la dura verga. Como acercaba la boca de carnosos labios y empezaba una estupenda mamada. Felicia ya estaba envalentonada y no sólo chupaba, sino que se la sacaba de la boca y se la pasaba por la cara, lo pajeaba. Disfrutaba de la mamada casi tanto como el invitado. Su coño echaba chispas. Pero no podía masturbarse. Con una mano sostenía la copa y con la otra la polla.
 
El hombre bufó de placer y le llenó la boca con la segunda ración de la noche. Felicia la sumó a la primera. Se acercó al tercero, el más joven de los tres, y el menos pasivo. No le dejó que se la chupara. Le folló la boca. La cogió con fuerza del pelo mientras le metía la polla hasta la garganta. No era muy gruesa y le cabía toda en la boca. Su nariz chocaba contra el pantalón del muchacho.
 
-Toma polla, zorra – le decía apretándole la cabeza contra él, manteniéndola
 
Felicia sólo tenía que mantenerse quita, dejar que aquel hombre usara su boca a su antojo, hasta que entre espasmos de placer se la llenó con una buena corrida, abundante y más liquida que las anteriores. Él tuvo la atención de ponerle la chorreante polla sobre la lengua, porque si la hubiese dejado en su garganta toda el semen hubiese acabado en su estómago en vez de en la copa, donde la dejó caer.
 
Se levantó y miró la copa, conteniendo tres eyaculaciones.
 
-Muchas gracias, señores.
 
Ellos siguieron hablando mientras Felicia buscaba a los siguientes invitados que recolectar. No vio ningún grupo más de hombres solos, así que se acercó a un grupo de dos hombres y tres mujeres.
 
-Buenas noches, señores. Soy la recolectora.
-De rodillas, perra – le dijo una de las mujeres. Una hermosísima morena.
 
Obedeció en el acto. La morena le bajó la cremallera a uno de los hombres y le sacó la polla, empezando en el acto una buena paja, mientras se morreaba con el hombre. Felicia, desde el suelo y con la polla a escasos centímetros de la cara, miró hacia arriba. Las bocas del hombre y la mujer estaban pegadas, abiertas. No lo veía, pero suponía que sus lenguas estaban en plena lucha entre ellas. La morena dejó un momento de besar al hombre.
 
-Es guapa la putita, ¿ verdad? – le preguntó.
-Sí…agggg muy….guapa.
-Pues te voy a hacer correr en esa preciosa carita de zorra que tiene
 
Felicia abrió los ojos. Se desperdiciaría el semen de la señora.
 
-Por favor, haga correr al caballero en mi boca o en la copa, señora.
-Lo haré correr en donde me salga del coño.
 
Aquella preciosa y distinguida morena era un poco mandona y mal hablada. Siguió con la paja hasta que el hombre empezó a dar muestras de la llegada de su orgasmo.
 
-Prepárate, zorra. Ya llega.
 
Felicia cerró los ojos justo cuando el primer chorro se estrellaba contra su cara. No vio pero si oyó. Los gemidos del hombre y las palabras de aliento de la mujer.
 
-Así cabrón!! Llénala la cara de leche a la zorra…Wow…vaya corrida, mi amor.
 
Alguien le quitó la copa de la mano. Sus ojos estaban cubiertos de semen, así como toda su cara, y no los abrió por temor a que le entrara en los ojos. Una vez le había pasado y le había provocado irritación y picor. Notó como le pasaban la copa por la cara, recogiendo la mayor parte del esperma. Luego le limpiaron los ojos y los pudo abrir.
 
Había sido otra de las mujeres, no tan guapa pero sí más amable. Con una sonrisa en los labios le devolvió la copa.
 
-Gracias, señora.
-De nada…zorra.
 
La amable chica, que no era tan amable después de todo, repitió la operación con el otro hombre, hasta volver a cubrir la cara de Felicia con una nueva y espesa corrida. Mientras le pasaba luego la copa por la cara para recoger el fruto de su manual trabajo, Felicia deseaba con todo su ser poder tocarse el coño y estallar, pero no quería hacerlo delante de todas aquellas personas. Simplemente se frotó los muslos entre sí, y gracias a la gran excitación que tenía logró correrse. Trató de disimular su orgasmo, pero la morena se dio cuenta.
 
-La muy puta se está corriendo. ¡ Qué desfachatez!
-Lo..lo siento señora…
-Déjala, mujer. Que goce un poco – dijo la otra.
 
Le devolvió la copa para que siguiera con su trabajo.
 
Durante los siguientes minutos Felicia fue de invitado en invitado, ordeñando sus pollas, ya fuera con la boca o con la mano. Algunas invitadas participaban en la recolección, masturbando a los hombres. Un par de ellas hicieron correr a sus hombres en la cara de Felicia, pero las otras los hacían correr dentro de la copa, que Felicia mantenía con las dos manos. Miraba el blanquecino contenido. Su nariz se llenaba del fuerte aroma.
 
¿Y si le daba sólo un sorbito? Sólo un traguito. Al fin y al cabo era ella la que lo había recolectado. Se merecía un poco. Pero por si las moscas, no lo hizo, no fuera que la señora se enterara.
 
La copa se llenaba cada vez más. Ya estaba a tres cuartos de su capacidad. Vio un grupo de unos 5 hombres con una sola chica, muy joven, que reía agasajada entre tanto macho. Se acercó a ellos.
 
-Buenas noches. Soy la recolectora.
-Hola – le dijo la chica. Parecía simpática.
 
Antes de que le dijeran nada, se arrodilló en medio del grupito. Para su sorpresa, la chica se arrodilló junto a ella. Le dijo al oído.
 
-Me das mucha envidia. Me encantaría a mi ser la recolectora.
 
Luego, dirigiéndose a los 5 hombres, les dijo que se sacaran las pollas.
 
-¿Puedo ayudarte? – le preguntó a Felicia
-Pues…no sé que pensará la señora.
-No creo que mi tía se moleste si te echo una mano. Bueno, una boca! jajajaja
 
Así que la chica era la sobrina de la señora de la casa. Los cinco hombres rodearon a las dos bellas mujeres. Fueron polla a polla, de un en una, pero las dos a la vez. Los hombres estaban encantados de las estupendas mamadas a dos bocas que les hacían. Una chupaba la polla mientras la otra lamía el tronco o los huevos. Uno a uno fueron exprimidos. Todos en la boca de Felicia. El contenido de ésta fue depositado en la copa.
 
Cuando Felicia se despidió, la chica le dio un beso en la boca. Sin duda, era más simpática que su tía.
 
Ya casi no quedaban invitados, y la copa casi rebosaba hasta arriba de semen. Felicia se encontró con un dilema. O dejaba de recolectar a los últimos o tenía que hacer sitio en la copa. No le pareció correcto dejar a esos invitados sin su placer, así que sin que nadie se diese cuenta, le dio un sorbito a la copa. Cerró los ojos mientras la mezcla de semen de varios hombres bajaba hasta su estómago. Sintió deseos de beberlo todo. Su coño le volvía a arder, pero se contuvo.
 
Cuando el semen del último invitado fue depositado en la copa, ésta volvía a estar a rebosar. Con cuidado de que no se cayera nada, se lo llevó a la señora
 
-Aquí tiene, señora.
-Que sea la última vez que coges algo que yo no te haya dado.
-No entiendo, señora.
-¿Te crees que soy estúpida? Sé que le has dado un trago a mi copa – Recalcó el ‘mi’.
-Es que…no cabía más.
-Pues me la traes y después sigues recolectando.
-Lo siento.
-Lo siento, lo siento. Quítate de mi vista.
 
Avergonzada, Felicia se retiró. Tenía ganas de llorar, y lo hizo. Una lágrima cayó por su mejilla mientras la señora se acercaba al centro del salón. Allí, levantó la copa. Se hizo el silencio. Todos los invitados se quedaron mirando como Almudena se bebió despacio, pero de un solo trago, todo el contenido de la copa. Cuando la volvió a levantar vacía, hubo una gran ovación general.
 
Alguien cogió a Felicia del brazo y la arrastró a una pequeña habitación anexa al salón, cerrando la puerta. Era don Francisco, el señor. Felicia miraba al suelo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas.
 
La cogió por la barbilla y le levantó la cara. Cuando aquellos penetrantes ojos se clavaron en los de ella, temió lo peor. Una nueva reprimenda.
 
-Mi mujer ha sido un poco dura contigo. No te preocupes.
-Lo siento, señor. Lo siento.
 
Rompió a llorar. La tensión acumulada fue insoportable. Él la abrazó. Entre aquellos fuertes brazos se calmó. Él le acarició el cabello con suavidad.
 
-Tranquila, no pasa nada. Gruñe pero no muerde – dijo, refiriéndose a su mujer.
 
Felicia se sintió muy bien entre aquellos brazos. Notó contra su barriga algo duro. Sin soltarse de sus brazos, llevó una mano a aquello duro y lo acarició.
 
-Señor, soy la recolectora y a vd. aún no lo he…recolectado.
 
Se secó las lagrimas y lentamente se arrodilló delante de aquel hombre. Le acarició la polla sobre el pantalón, para después bajarle la bragueta y sacarle la hermosa polla que atendía por las mañanas. Siempre para darle el premio luego a la señora. Pero esta vez sería todo para ella.
 
Se la empezó a chupar con ternura, gozando de la sensación que la dura carne le proporcionaba. Don Francisco no le apretó la cabeza, no la llamó zorra, puta, ni nada. Sólo le acarició el cabello.
 
-Sácate para mí.
 
Elle le miró a los ojos mientras metía una de sus manos por debajo de sus bragas. Sus ojos se entornaron de placer. Estaba muy mojada, muy excitada. Se frotó el clítoris y estalló en un fuerte orgasmo, deseando que el señor se corriera con ella, que le llenara la boca de su rico semen, para saborearlo, y tragarlo todo, sin dejar ni una gota para la señora.
 
Pero él no se corrió. Cuando notó que la boca de Felicia lo iba a hacer correr, la hizo levantar y la besó. Felicia aún sentía los espasmos de su orgasmo cuando el señor juntó su boca con la de ella. Lo abrazó y le devolvió el beso.
 
Temía que él no se hubiese corrido porque tenía que darle su esencia a su esposa, pero se equivocó. La cogió en brazos y la llevó a una pequeña mesa que había en un rincón. La sentó en ella, al tiempo que le abría las piernas, apartó sus empapadas bragas y le clavó la polla de un solo golpe, haciéndola estremecer.
 
Empezó a follarla lentamente pero en profundidad. Sentía el coño lleno de su dure verga. Y lo que más la cautivó fueron aquellos ojos fijos en los suyos, que no dejaron de mirarla durante todo el tiempo en que la estuvo penetrando. Ella quería mantener su mirada, pero el placer que sentía le hacía cerrar los ojos. Su boca estaba entreabierta de placer. Don Francisco llevó uno de sus pulgares y lo metió en la boca. En el acto Felicia empezó a chuparlo como si de una polla se tratara, y su cuerpo fue atravesado por un intenso orgasmo. Su coño tuvo grandes espasmos, que se transmitieron a la polla que martilleaba su vagina.
 
Con inmensa alegría y placer notó como el fondo de su coño se llenó del calor del semen que él le lanzaba a presión. Consiguió abrir los ojos el tiempo suficiente para ver la cara de placer de él, y un nuevo orgasmo la atravesó, sumándose al que aún recorría su ser.
 
Largos segundos permanecieron así, sin moverse. Ella con los ojos cerrados, sintiendo el agradable calor de su vagina. Él mirando a la bella mujer, que lentamente abrió sus ojos. Ahora sí que sus miradas se mantuvieron la una en la otra. Sonrieron.
 
-Bueno, ya has recolectado a todos. Ahora salgamos con cuidado de que ella no se de cuenta.
 
-El salió primero, haciéndole una seña para que ella saliera.
 
En salón era ahora una inmensa orgía. Mujeres con hombres, mujeres con mujeres en todas las combinaciones posibles. Al fondo la señora era follada por tres hombres, así que no se percató de que su marido salía de una habitación seguido por la sirvienta.
 
Él se mezcló con los invitados, mientras Felicia se iba a la cocina. Desde allí oía los gritos y  gemidos de placer. Ella no estaba invitada a participar. Estaba claro que la señora era la que mandaba en la casa, así que se quedó allí.
 
Al poco, se abrió la puerta y la linda sobrina de la señora entró, cerrando la puerta tras de sí.
 
-Hola.
-Hola, señorita.
 
Por su edad, Felicia supuso que aún sería soltera.
 
-¿Cómo te llamas? – preguntó la chica.
-Felicia.
-Yo me llamo Alba.
-Encantada.
-Te vi salir del cuarto con mi tío.
 
Felicia se quedó tensa. Si se lo contaba a su tía la podría meter en un buen lío. Alba notó la cara de susto que se le quedó.
 
-No te preocupes, Felicia, que le diré nada a mi tía. Es un poco…arisca.
-Gracias. Necesito este trabajo.
-Tranquila. Tu secreto está a salvo conmigo.
 
Se tranquilizó un poco. Alba parecía una buena chica.
 
-¿Te tragaste la lechita de mi tío?
-No
-¿No? – le preguntó, acercándose a ella.
-No..Él me…folló.
-Ummmmmmm si supieras las veces que he intentado que me folle mi tío Me gusta mucho, pero siempre me da largas. Dice que soy su sobrina, pero yo creo que es por temor a mi tía.
-Pero te han invitado a…lo de hoy.
-Bueno, más bien me he colado. Pero una vez dentro ya no me van a echar, por temor a que me vaya de la lengua. ¿Tiene una buena polla mi tío?
 
Se pegó a Felicia, mirándola a los ojos.
 
-Bueno… sí.. no está mal.
 
Alba la besó con suavidad en los labios. Felicia sintió un cosquilleo en el cuerpo.
 
-No sabes lo que daría porque él me follara. Esa mirada que tiene me pone loquita.
-Sí…es muy penetrante.
 
Volvió a besarla, esta vez entreabriendo los labios
 
-Así que tienes el coñito lleno de la leche de mi tío.
-Sí.
-Ummmmmmm… ¿Me la das?
-¿Eh?
 
Alba no contestó. Empujó a Felicia hasta la mesa de la cocina y la hizo sentar. Le abrió las piernas y lentamente se arrodilló entre ellas. Acercó su cara a las bragas y las olió.
 
-Qué bien huele tu coño, Felicia. A coño y a semen.
 
La besó sobre las bragas. Felicia se estremeció. Alba apartó las bragas y contempló el lindo sexo de la sirvienta, mojado de una mezcla de sus jugos y semen de su tío, que rezumaba lentamente.
 
Sacó la lengua y empezó a lamer, pasándola de arriba a abajo, a lo largo de los labios vaginales de Felicia, que no pudo por más que gemir de placer. Alba buso su boca sobre la entrada de la vagina y sorbió. Su boca se llenó de semen y jugos vaginales que saboreó con placer.
 
-Joder, que rico…Como deseo que me llene la boca directamente de su polla.
 
La siguió lamiendo y chupando, haciendo gozar a Felicia. Aquella chiquilla era muy buena con la lengua. En poco tiempo a la hizo correr, entre fuertes espasmos que hicieron que todo el semen de Don Francisco terminara en la barriga de su sobrina.
 
De un salto, Alba se puso en pie.
 
-Que cachonda me he puesto. Voy al salón a ver si encuentro a un buen par de machos que me follen como a una perra.
 
Felicia, sentada sobre la mesa de la cocina, con las piernas abiertas, miró como Alba salía corriendo y desaparecía por la puerta.
 
CONTINUARÁ

Acerca de abe21abe21
Escritor aficionado

3 Responses to La mansión del placer (2)

  1. neko dice:

    por favor continuala.

  2. Giselle dice:

    Ya lo habia leido pero me olvide de firmarte, exelente como todos tus relatos y ademas exitante

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