La niña buena (partes 10, 11 y 12)

3 partes más de las andanzas de Diana


Parte 10

Los pezones de Ana se marcaban como dos duros botones en la tela del precioso vestido. Su agitada respiración hacía que sus tetas subieran y bajaran al ritmo de sus pulmones.

-Joder, Ana. Pero que buena estás.

-¿De verdad soy guapa?

-Eres preciosa.

Se acercó a ella y la abrazó, con fuerza. Le besó el cuello, mientras llevaba sus manos a su culo, sobándolo y apretándolo contra él. Ana sentía contra su barriga la dura polla de Ramón. El pensar que aquella enorme barra estaría dentro de ella, la hacía estremecer, haciendo chorrear su coño.

Ramón llevó su boca a la de ella y casi mordió sus labios. La besó con fuerza. Estaba muy excitado. Aquella mujer no se parecía a la que había tocado a su puerta hacía un rato. Bajó una de sus manos y la metió por debajo de la falda, llevándola a su coño. Acarició el vello púbico antes de meter su mano entre las piernas. Su mano se encontró con un coño totalmente empapado. Cuando le pasó los dedos por la rajita y tocó su inflamado clítoris, el cuerpo de Ana se tensó y se abrazó a él con fuerza.

-Agggggg aggggggggggggg.

-Vaya, vaya…La zorrita se está corriendo con sólo tocarla. Vas a ser una buena putita, como Diana.

-Ummmm voy a ser… tu…tu putita ¿Verdad?

-No lo dudes. Te voy a convertir en una auténtica zorrita.

-¿Cómo…Diana?.

-Ya veremos quien sale la más zorra de las dos. Ella te lleva mucha ventaja.

Ramón sacó la mano llena de los jugos de Ana y la llevó a la nariz de ella.

-Huélete.

-Así olía Diana ayer.

-Así huele una putita que desea que se la follen bien follada. ¿Tú quieres que te folle?

-Aggggg sí….

-Pues tendrás que pedírmelo bien. So quieres ser una buena zorrita tendrás que aprender a pedir

Ramón quería ver hasta dónde estaba Ana dispuesta a llegar.

-Por favor..Ramón…lo necesito…

-¿Qué necesitas?

-Tu polla dentro de mí. No dejo de pensar en ella.

-Tendrás que demostrarme que eres una zorrita obediente.

-Haré lo que me pidas.

-Eso espero. Si no, no te follaré.

La idea de que no la follara, la asustó. Tenía que hacerlo. No podía vivir sin que la follara.

Ramón se quitó los pantalones y los calzoncillos. Ana clavó la mirada en la polla. Era tan grande, tan..hermosa. Su coñito tuvo un espasmo. Sintió como un escalofrío recorrer su espalda.

-Bien. Ahora, arrodíllate.

Ana obedeció. Creía que le pediría que le chupara otra vez la polla. Estaba más que dispuesta. Pero de repente, Ramón se dio la vuelta, mostrándole su musculoso culo.

-Si quieres ser mi puta, si quieres que te folle, tendrás que besarme el culito.

Ella se quedó perpleja. ¿Por qué le pedía eso.

-¿A qué esperas?

Tenía que hacerlo. O si no no la follaría. Se acercó y besó una de las nalgas, haciendo cosquillas a Ramón. Se separó. Ya estaba.

-La otra nalga está celosa.

Se volvió a acercar y besó la otra nalga.

-Ya…ahora..por favor….

-Sabes que no está. Haz lo que tienes que hacer o ya te puedes estar yendo.

Ana había permitido que ese hombre se corriera ayer en su cara, y hoy había vuelto. Le había chupado la polla y se había tragado su semen. Ya no podía caer más bajo, así que se acercó al culo de Ramón y pasó su lengua por la raja.

Ramón sonrió. Esa mujer haría a partir de ahora lo que él quisiera. Se echó hacia adelante. Sintió la lengua de Ana llegar a su ano. Lamerlo. Se abrió las nalgas para que pudiese llegar sin dificultadas. Aquella íntima caricia era muy placentera. Cogió su polla con una mano y la pajeó mientras Ana no dejaba de chuparlo, de lamerlo.

-Ya ves que no era tan malo.

No lo era. Hacerle eso a Ramón, lejos de repugnarle, la excitó aún más. Aquel hombre era su dueño, y tenía que hacer todo lo que él le pidiera. Sin dejar de pasar su lengua por aquel cerrado agujerito, llevó una de sus manos a su coño, frotándoselo con fuerza.

Ramón la sintió gemir. Se dio la vuelta y la vio tocarse el coño, con ganas. Su respiración agitada, los ojos cerrados. Aquella mujer estaba a punto de correrse. Le puso la polla en los labios y elle abrió la boca, tragándosela hasta la mitad.

Ana se corrió en el acto, cerrando fuertemente los ojos y gimiendo. Si no hubiese tenido la polla en la boca hubiese gritado. Ramón la miraba gozar. Aquella preciosa mujer, con aquel lindo vestido, arrodillada delante de él, con su polla en la boca, y corriéndose de placer.

Después de su fuerte orgasmo, el cuerpo de Ana quedó sin fuerza y se sentó en el suelo. Los ojos, cerrados. La respiración agitada. Ramón la contempló unos segundos. Luego le dio la mano y la ayudó a levantarse.

-Ahora, preciosa, vas a saber lo que es que te follen como te mereces.

Le llevó a su cuarto y la puso frente al espejo. El se puso detrás.

-¿Qué ves?

-A..mi

-Yo veo a una preciosa mujer, que ha desperdiciado parte de su vida con tontos prejuicios. Pero yo voy a sacar la zorra que llevas dentro.

Le abrió la cremallera y el vestido cayó al suelo. Ramón la miró en el espejo.

-Este cuerpo volverá locos a los hombres, Ana. Este cuerpo que dios te ha dado te proporcionará placeres que nunca hubieses soñado.

-¿Dios?

-¿Acaso no te enseñaron que Dios es amor? ¿Que él es la belleza? Créeme, este cuerpo no es para el pecado. Es para el placer.

Ramón llevó sus manos a sus preciosas tetas y las acarició, besando su cuello y apretando su polla contra su culito. Ana cerró los ojos y se dejó acariciar

¿Sería cierto? Si su cuerpo era obra de dios no podía ser pecado el gozar de él. Sería honrar su obra.

-Ahora vas a sentir lo que tú me hiciste sentir a mí.

Diciendo esto, Ramón se arrodilló detrás de Ana y como le hiciera ella, empezó a lamerle el culito. Cuando ella sintió su lengua lamer su ano, se estremeció. Aquella caricia era…muy placentera. Sentía la suavidad de la lengua, la caliente respiración de Ramón. Se miraba en el espejo con los ojos entornados por el placer.

La llevó a la cama y la hizo acostar. Volvió a admirar su belleza.

-Ahora, muéstrame tu tesoro.

Lentamente, Ana abrió sus piernas. Miraba a Ramón a los ojos. Lo que más le excitó fue cómo la miraba él. Era una mirada de deseo.

-Ummm tienes un coño preciso, Ana. Ábretelo para mí.

Llevó sus dedos a sus labios y los abrió, mostrando su parte más íntima como nunca la había visto nadie.

-Pásate los dedos. Que se mojen con tus caldos.

Ella lo obedecía. En sus dedos sintió su humedad. Se impregnaron de si misma. Cada vez estaba más excitada.

-Y ahora, chúpate los dedos.

No hubo protestas. Simplemente llevó sus dedos a su boca y los chupó. Los lamió. Se estaba probando a si misma. Su peculiar sabor, saladito, le gustó.

-¿Está rico, verdad? Ahora me toca a mí.

Con el corazón latiéndole con fuerza, Ana vio como Ramón se acercaba lentamente, mirándola fijamente a los ojos, a su sexo…No!, a su coño. Se acercaba a su coño. Primero besó sus rodillas, por la cara interna. Sus labios carnosos y calientes besaban su piel, transmitiéndole fuertes sensaciones. Se acercaba. Cada vez estaba más cerca. Ya iba por medio muslo. Ella tenía las piernas totalmente abiertas, ofrecida. Era suya.

Más cerca. Cada vez más cerca. Todo su cuerpo temblaba de excitación. Por fin, llegó a sus ingles. Ramón las notó húmedas, calientes. Aquella mujer estaba muy, muy excitada. Besó justo en la unión del muslo y el cuerpo.

-Agggggggggggg – gimió Ana.

Ramón sabía que estaba a punto de estallar. Notaba su cuerpo en tensión. Su coñito rezumaba. Los labios estaban hinchados, abiertos. Besó otra vez la misma zona de la otra pierna. Ana volvió a gemir. Aquellos besos la estaban volviendo loca. Le proporcionaban un inmenso placer, pero no el suficiente para hacerla estallar. Y lo necesitaba. Y él lo sabía.

-Agggggg no puedo más…no me hagas sufrir así….Házmelo…por…favor…

Ramón le pasó la lengua por toda la rajita, desde la entrada de la vagina hasta terminar golpeando el clítoris una y otra vez. Ana no pudo más. La tensión acumulada estalló de golpe, en forma de un fortísimo orgasmo que la dejó sin aliento, con los músculos en tensión. Ramón se bebió los abundantes jugos que ella le echaba en la boca, en la cara. Escuchaba los apagados gemidos de Ana mientras se corría en su boca.

Cuando el orgasmo terminó y el cuerpo de Ana se relajó, Ramón empezó a comerle el coño en serio. Se ayudó de los dedos, que primero introdujo en la vagina mientras martirizaba el clítoris con su lengua. Ana empezó a gemir más fuerte, a rotar sus caderas, a frotarse contra la cara que la estaba llenando de placer. Había estado muchos años perdiendose los placeres de la vida. Años perdidos. Años que pensaba recuperar.

Ramón llevó dos dedos llenos de flujo de su coño hasta su culito y lo penetró, metiéndolos hasta el fondo, de golpe. Un nuevo orgasmo estalló en el cuerpo de Ana.

-Aggggggggg Aggggggggggg

-Sólo son mis deditos. Ya verás cuando te meta la polla.

En medio de su orgasmo, Ana se estremeció. Aquel endiablado hombre se había corrido en su cara. Le había hecho chuparle la polla y el culo, y ahora le decía que se la iba a follar por el culo. Con aquella enorme polla. Pero estaba en sus manos. Era su..su esclava.

Ramón dejo su entrepierna y se puso a su lado. Ella lo miraba, desfallecida. Tenía los alrededores de la boca brillantes, mojados. Él se pegó a ella. Contra su muslo sintió la pesada presencia de su polla.

-Preciosa, por fin ha llegado la hora. Te voy a follar.

Los ojos de Ana brillaron. Su coño iba a tener dentro la segunda polla de su vida. Y no era una polla cualquiera. Era una enorme polla. Por primera vez en su vida lo deseaba. A pesar de la insistencia de su marido, nunca gozó del sexo con él. Había sido muy injusta.

Ramón se arrodilló entre las piernas de Ana. Quería ver su cara cuando le metiera la polla. Con una mano se la cogió y empezó a pasarla arriba y abajo, sobre la rajita del coño de Ana, que lo miraba, expectante. Él la miraba, sonriendo, y seguía moviendo la polla. Pasaron los segundos…Ana se empezó a desesperar. ¿Por qué no la follaba? No pudo más. Le gritó:

-Por el amor de Dios! FOLLAME YAAAAAAAAAAAAA!

-Jajajaja! Así me gusta. Una buena putita tiene que pedir que se la follen.

Se le empezó a meter. Su gruesa polla iba separando las paredes vaginales. Ana cerró los ojos y se mordió el labio inferior. La estaba llenando. Su coño se estaba llenando de polla como jamás lo había estado. Ramón, con satisfacción, comprobó que el coño de Ana era de los profundos, ya que casi toda su polla entró hasta hacer tope con el fondo de la vagina. Se quedó quieto, totalmente dentro. El coño de Ana palpitaba. Lo sentía alrededor de su polla.

-Ahhhhhh me…siento…llena…me…voy…a…..

Correr. No pudo decir la palabra porque fue atravesada completamente por llamaradas de placer. Por primera vez en su vida se corría gracias a una gloriosa polla enterrada en su coño. Cuando abrió los ojos, y sonrió, Ramón vio una expresión de total satisfacción. Se echó hacia adelante, sin abandonar el cálido nido, apoyándose en sus brazos. Ana llevó sus manos a las caderas de él y le pidió:

-Fóllame

Ramón se empezó a mover. Su poderosa polla se frotaba contras las paredes de la vagina, tan poco acostumbradas a tener dentro algo duro, y menos de ese calibre. Ana arqueó su espalda, haciendo que sus tetas se acercaran a la cara de Ramón, que no dudó en besarlas, en chuparlas, en atrapar uno de los pezones y morderlo, con cuidado pero con fuerza. El pequeño dolor se convirtió en placer.

-Agggggggggg ¿Es así como te follas a una puta?

-No, me la follo así – le dijo empezando a follársela salvajemente, penetrándola a fondo, con saña.

Las tetas de Ana brincaban, arriba y abajo, al ritmo de la follada. Aquel estrechito coño, mojado y apretado, llenaba de placer a Ramón. Era maravilloso poder follarse a una mujer como aquella, dispuesta a todo por él.

Le sacó la polla de golpe. Ana se sintió vacía. Le faltaba algo.

-No, nooooo fóllame..no dejes de follarmeeeeeeee

-Espera zorrita. Date la vuelta. Ponte a cuatro patas, como la perrita que eres.

Le iba a destrozar el culito. Lo sabía. Pero era su dueño. Sus deseos eran órdenes para ella. Así que obedeció. Se dio la vuelta y se puso como la perrita que era, con el culo en pompa, ofrecido.

Pero Ramón, a pesar de gustarle tratarla como a una zorra, no era una bestia. Aquella mujer no podría soportar que su polla en el culo. Al menos, aún no. Tendría que prepararla. Su idea era otra. Apuntó su polla y se la clavó otra vez en el coño, arrancando más gemidos de placer de la garganta de Ana. Y entonces, con la mano abierta, dio una palmada en una de las preciosas y carnosas nalgas. De la respuesta de Ana dependía que hubiera más o no. La respuesta de ella fue la que él esperaba.

-Siiiiiiiii soy una sucia perra, una golfa que se ha portado mal. Castígame como me merezco!!

Mientras metía y sacaba la polla de su coño, la daba sonoras nalgadas, palmadas. Le decía que era una zorra, una guarra y que se merecía que la tratara como a tal. Ana gozaba al ser tratada así. No era sólo el placer físico de la polla follándola. Era el placer psíquico de sentirse usada, sin voluntad, sometida al poderoso macho que la follaba.

Con la mano izquierda la palmeaba, dejando la piel sonrosada, caliente. El pulgar de la derecha se lo clavó en el culito, follándoselo a la vez que el coño, con la misma intensidad.

El orgasmo que se estaba formando en el cuerpo de Ana iba a ser el definitivo. La iba a destrozar. Llegó como desde lejos, como un tren de mercancías que se acercaba a toda velocidad. Gritó. Fue un grito fuerte, que le salía del alma. Sus manos se cerraron sobre las sábanas, apresándolas con fuerza. La corrida fue larga, muy larga, como en oleadas. No podía respirar. Su coño apretaba con fuerza la polla, como queriendo devorarla. Su ano se contraía alrededor del invasor dedo. Ramón ya no pudo aguantar más. Su poderosa polla empezó a llenar con fuerza el coño de Ana, que al sentir aquellos chorros hirvientes dentro, volvió a correrse sin que su primer orgasmo hubiese terminado. Fueron varios y largos chorros enviados a lo más profundo de la mujer.

Cuando el orgasmo terminó, el cuerpo de Ana no le respondía. Casi se quedó sin conocimiento y cayó desmadejada sobre la cama. Ramón nunca había visto a una mujer correrse así. Su polla, llena de los jugos de Ana, quedó dando saltitos de excitación.

Ella no podía más. No tenía fuerzas. La acarició con dulzura y esperó a que se recuperara, a que su respiración poco a poco volviera a la normalidad.

Ana abrió los ojos. Estaba como sin fuerzas, pero miró a Ramón, a aquel hombre que casi la había matado de placer. Él la miraba. Y su polla, su maravillosa polla, que empezaba a empequeñecer.

-Me parece que vas a ser una buena zorrita.

-Me tengo que ir. Se hace tarde.

-Vale guapa.

-¿Vendrá…Diana?

-No lo sé.

-¿Cómo es? Ya sabes…

-Es una autentica putita, de eso te lo puedo asegurar. No te creerías hasta que punto. ¿Sabes a que vino ayer?

-No.

-A que le diera por el culo. Quería mi pollita en su culito.

Ana no se lo podía creer. Su niña, a la que creía una buena niña, había ido a ver a Ramón para que le metiera su inmensa polla por el culito.

-¿Lo hiciste?

-Se la clavé hasta los huevos.

-¿Por qué no me lo has hecho a mi?

-Preciosa. Como le dije a tu hija, por muy duro que te trate, que te llame zorra, putita, lo que sea, jamás de haré daño. No era la primera vez que le daban por el culo a Diana, eso te lo puedo asegurar. Estaba preparada. Pero tú no. Aunque descuida. Ese precioso culito tuyo será mío.

Ana se levantó y se puso su ropa-saco.

-Llévate el vestido. Es para ti.

-No puedo. Me lo podrían ver Diana o mi marido.

-Guárdalo bien. Ah, y cambia de vestuario. Una mujer como tú no puede vestirse como su abuela.

-Vale

La despidió con un beso y luego se fue a dar una reparadora ducha. Estaba contento. Ya imaginaba a madre e hija, arrodilladas y compartiendo su polla. Pero eso ya llegaría. No precipitaría las cosas. Tampoco le contaría a Ana lo de Diana y su padre. Eso no era asunto suyo.

Cuando Ana llegó a su casa, también se duchó. Aunque le gustaba como olía, a hombre, a semen, no quería que los demás lo notaran. Antes escondió bien el vestido que le había regalado Ramón. Cuando se quitó las bragas, las encontró llenas de la leche de Ramón, que empezaba a escurrirle por los muslos. Se llevó los dedos, la recogió y se los llevó a la boca. Con los ojos cerrados, disfrutó de la mezcla de sabores. Después, preparó la comida.

No se podía quitar de la cabeza todo lo que había pasado esa mañana. Las cosas que había hecho. Si le hubiesen dicho que iba a lamerle el culo a un hombre, habría pensado que quien lo decía estaba loco. Y no sólo lo había hecho, sino que le había gustado.

Durante la comida, intentó comportarse como siempre.

-Mami…esta tarde he quedado con unas amigas para ir a dar una vuelta al centro. ¿Puedo ir?

-Claro mi vida.

-Volveré temprano.

-Bueno, ya eres una mujer mayorcita. Puedes venir un poco más tarde. Seguro que tus amigas pueden estar más tiempo, no?

Diana miró a su padre. Él también estaba perplejo. ¿Era ese su madre?

-Sí…ellas pueden llegar más tarde.

-Bueno, pues no se hable más. ¿Estás de acuerdo, Valentín?

-Claro. Claro. Ya es mayorcita.

-Gracias mami.

Tan contenta estaba Diana que se levantó y le dio un beso a su madre. Después se sintió un poco mal. Por mentirle. No iba con ninguna amiga. Iba de caza.

Guardó en una bolsa el vestido rojo que su padre le regaló, y los zapatos rojos. Se vistió ‘normal’ y se despidió de sus padres. Ana sabía que no se iba con sus amigas. Valentín sospechaba lo mismo. Ya le daría su merecido a esa putita suya.

Diana sabía lo que quería. Deseaba un hombre rudo, desconocido, que la tratase como se merecía. Se metió en una cafetería y se fue al baño, en donde se cambió de ropa. Se puso el vestido y los zapatos. Parecía una auténtica zorrita en busca de polla. Le gustó. No se pintó la cara. No le hacía falta. Estaba irresistible así.

Cuando salió a la sala de la cafetería, sintió todas las miradas clavadas en ella. Contoneándose, salió y se marcho. Los hombres no podían dejar de mirarle el culo, que tan provocativamente meneaba a un lado y otro. Pero eso no era el tipo de local que buscaba. Ese era demasiado…limpio.

Se dedicó a pasear por la calle. La gente, sobre todos los hombres, se volteaban a mirarla. Parecía una diosa del sexo. Una bomba sexual a punto de explotar. Más de uno se llevó una colleja de sus novias por quedarse embobado mirándola.

Al fin encontró el garito que buscaba. En un bar oscuro, que se veía viejo y sucio. Entró.

Los pocos hombres que allí había sólo veían su figura recortada contra la luz de fuera. Esa figura bastó para que a más de uno se le pusiera la polla dura. Y a todos se les puso dura cuando aquella preciosidad entró en el local y se sentó en uno de los taburetes de la barra.

Había un tipo sentado al final. Alto, fuerte, con bigote y sin afeitar. Con una chaqueta vaquera, sin mangas, sucia. Parecía que era el gallo de aquel corral, pues fue el único que se levantó y se acercó a Diana.

-Hola preciosa.

-Hola – respondió Diana, sonriéndole.

Él la miró de arriba abajo, desnudándola con la mirada. Ella le miró la entrepierna, y se relamió los labios, mirándole a los ojos. Estaba claro que era lo que buscaba.

Parte 11

La mirada de aquel tipo duro y basto, hizo que los pezones de Diana se pusieran duros. Cuando él le puso la mano en la rodilla, se estremeció.

-¿Tomas algo, preciosa?
-Un vaso de leche.
-Jajaja. Me parece que aquí no hay leche, guapa.

Diana le miró directamente a los ojos.

-¿Seguro que no hay?
-Ummmm, me parece que eres un poco zorrón.
-Jajaja. Tienes buen ojo para las mujeres.
-¿No pretenderás cobrarme, verdad?

Ella se acercó a su oreja. Olió la colonia barata que el tipo llevaba, que no era capaz de tapar el olor a sudor. Le susurró.

-Solo quiero que me pagues con la leche de tus huevos.

Aquello fue ya más que suficiente para aquel tipo. La cogió la de muñeca, con fuerza, y la arrastró hacia la parte trasera del garito. Sabía que había un almacén. Diana iba con una sonrisa en la cara, y miraba las babeantes miradas de los demás tipos. A uno que se sobaba la polla por encima del pantalón le mandó un beso, riéndose. El tipo abrió la puerta y casi la tiró dentro del pequeño almacén. Entré cerró la puerta.

Diana miró aquel cuchitril. Olía a moho y a cerveza rancia. Estalla lleno de cajas de cerveza vacía, de licores y cosas del bar. Se volvió y miró, desafiante, al tipo. El hombre estaba tenso. No se creía aún que aquello fuese verdad. Que aquella preciosidad de mujer fuera tan zorra como parecía. Diana puso sus manos en las sus caderas, y ladeó su cabeza.

-¿Qué pasa? A ver si va a resultar que eres un pedazo de maricón.

PLAS!

Fue el sonido que hizo la mano abierta del tipo en su cara. No fue un golpe fuerte. Sólo para dejar claro quien mandaba allí.

-Calla putita.

La atrajo hacia y la besó con fuerza, casi mordiéndole los labios. Diana se llenó con el fuerte olor de aquel rudo hombre. El coñito no dejaba de mojarse más y más. Él llevó sus manos a su culo y la apretó contra él, restregándole la dura polla por la barriga. Le subió el corto vestido y sus callosas manos acariciaron sus desnudas nalgas, separadas sólo por el fino hilo del tanga.

Sintió su boca morder su cuello. La mordía con fuerza. La iba a dejar marcada. Pero eso la hacía estremecer más. Los dedos se colaron en la raja de su culito y enseguida encontraron su ano. Sin miramientos lo penetraron.

-Ummm, este culito ha recibido más de una polla, ¿Verdad?
-Alguna..que…otra…
-Veamos que tal usas esa preciosa boquita.

La hizo arrodillar en el sucio suelo. La empujó con fuerza hacia abajo, hasta dejarla a la altura de su polla. La cogió del pelo y le restregó el paquete por la cara.

-¿A qué esperas para sacarme la polla?

Diana le bajó la cremallera, metió la mano y con dificultad sacó una buena polla, totalmente dura. No se podía comparar con la de Ramón – ninguna podía – pero era una polla grande.

-Sácame las pelotas también.

A través de la bragueta consiguió sacarle las dos bolas. Él volvió a cogerla del pelo y tiró hacia él, restregándole la polla por la cara. No estaba limpia. Olía a sudor, o orines…Eso excitó aún más a Diana. Le iba a demostrar lo que era chupar una polla. La mamada que le iba a hacer no la iba a olvidad en la vida.

Le miró fijamente a los ojos. Abrió la boca, y se fue tragando la polla. No paró hasta que su nariz chocó contra la bragueta. Sacó la lengua y lamió los huevos.

-JOOOOOODER!!! Pero si te has tragado toda mi polla. No me lo puedo creer.

En los ojos de Diana había satisfacción. La cogió, con las dos manos, por la cabeza y empezó a follarle la boca. Con dureza, raspándole la garganta, metiéndosela a fondo, apretando. Diana tenía alguna arcada, pero a él no le importaba. Seguía follándola salvajemente por la boca, que se le llenó de saliva. Saliva que le iba saliendo por la comisura de los labios.

Su coño le palpitaba. Tuvo que llevarse una mano y tocarse, frotarse con la misma fuerza que la polla entraba y salía de su boca. Los dos gemían de placer.

-Ummm putita…esta..es….agggggg…la mejor..mamada..de mi..vida. Prepárate, porque se avecina una corrida de toro!.

Diana no podía hablar. Sólo hizo.

-Ummmmmmm

Por los gemidos, la forma en que le apretó la cabeza, y sobre todo, por como la polla se puso más dura, Diana supo que se iba a correr. No pudo saborear le leche, pues tenía la polla clavada a fondo y toda bajaba por su garganta, directamente a su barriga. Sólo sentía su calor por recorrer su esófago. Los ojos del tipo estaban entornados y su cuerpo recorrido por espasmos de placer. De su boca abierta cayó un hilillo de saliva. Lo sorbió antes de que cayera sobre la cara de Diana.

Cuando la polla dejó de manar, se la dejó enterrado en la boca unos segundos. Respiraba con agitación.

Le sacó la polla despacito, recreándose en como iba saliendo, brillante, llena de saliva. Aún le parecía imposible que aquella preciosa chica se hubiese tragado toda su polla. Aquella chica que lo miraba desde el suelo, sonriendo, con los labios y los alrededores de la boca, brillantes, con una mano acariciando su coño.

La polla seguía dura, como antes de correrse. No se podía aflojar ante aquella hembra. La levantó del suelo y la besó, metiéndole la lengua casi hasta la garganta. Le cogió el culo y se lo apretó con los dedos, con fuerza, con dolor.

-Agggggggggggg

Diana levantó el cuello y echó el cuerpo hacia atrás. El rudo tipo le pasó la lengua por el ofrecido cuello, una y otra vez, mientras seguía sobándole el culo.

Le bajó el vestido, titando hacia abajo del escote. Casi se lo rompe, pero la tela era bastante elástica. Sus dos tetas, saltaron al aire. Turgentes, duras. No necesitaban sujetador.

-Vaya par de tetas que tienes, zorra. Vaya par de peras!

Aquel tipo era un bruto. Enterró su cara entre aquellas dos preciosidades y las chupó con fuerza. Atrapó los pezones, los mordió hasta hacerla gritar. La hizo apoyarse contra la pared y puso sus manos en las tetas. Mirándola a los ojos empezó a apretar.

-Ummmmmmm

Apretó más.

-Aggggggggggggggggggg me..haces..daño.

Y apretó más. Ahora si que le hizo daño de verdad. Ella le quitó las manos de un manotazo.

-Imbécil. Me vas a dejar marca.
-Jajajaja, te jodes, putita.

Le dio la vuelta ya la apretó con la pared. Tenía la falda levantada y el culo rojo de tanto manoseo y magreos. Le pasó el dedo pulgar por la raja del culo, apartando el hilito, y se lo clavó en el culo.

-Agggggg cabrito.
-Es sólo mi dedo. Ya verás cuando te meta la polla.
-¿A qué esperas?
-¿No quieres que te lubrique un poco el ojete?
-Si supieses lo que me han metido por el culito no preguntarías.
-Tú misma.

La cogió por las caderas y tiró hacia él, para ponerle el culo ofrecido. Apartó nuevamente el hilito, se cogió la polla con una mano, apoyó la punta contra el cerrado agujero, y empezó a empujar. No entraba.

-Ábrete el culo, zorra.

Diana llevó sus manos a sus nalgas y las abrió. El tipo volvió a empujar y la polla se coló. Los dos se hicieron daño.

-Aggggggggg Coño zorra.
-Uf!!

Quizás hubiese sigo mejor algo de lubricación. Pero el daño ya estaba hecho. Siguió empujando, empujando, hasta enterrarle toda la polla en el culo. Cuando estuvo toda dentro, se echó sobre ella y le lamió la cara.

-Tu dirás lo que quieras, pero tienes el culito muy apretadito.

Diana, con la cara aplastada contra la pared, sonreía. Le encantaba ser poseída por aquel rudo individuo. Empezó a mover su culito hacia los lados. Le estaba invitando a que se la follara como a la perrita que era. Él la entendió, porque la agarró por las caderas y se la empezó a follar. Se la sacaba hasta la mitad antes de volver a enterrársela hasta el fondo.

El almacén era pequeño y sin ventilación, así que el calor los hacía sudar. Se la follaba cada vez más fuerte, haciéndola golpearse las tetas contra la pared. El culito vibraba con los pollazos. No pudo resistirse y le empezó a dar nalgadas. El culito ya estaba rojo de antes y se puso aún más colorado, casi como el vestido.

Diana notó que se iba a correr. Llevó una mano a su coño y se ayudó frotándose el clítoris. Estalló mientras aquella polla no dejaba de follarla sin piedad.

-Aggg Aggggg me corrrooooooo – gritó al tiempo que su mano se llenaba de los jugos que soltó su coño durante el fuerte orgasmo.

Él hombre se había corrido recientemente y aguantó más. A pesar de que los espasmos del culo de Diana apretaban la polla invasora, no se corrió y no dejó de follarla, de encularla, de darle nalgada tras nalgada, haciéndola gritar de placer.

-No grites, zorra. Que se van a pensar que te estoy matando!

Le tapó la boca con una mano y arreció en sus embestidas. Quería correrse también, llenarle el culo del resto de leche que le quedan en las pelotas. Aquella zorrita era la mujer más caliente que había conocido en su vida, y la iba a disfrutar.

Paró un momento para acercarse a su oreja, lamerla y darle un mordisquito en el lóbulo, haciéndola gemir contra la mano que tapaba su boca. Pero enseguida recomenzó con la dura enculada.

Le tuvo que soltar la boca porque sintió que se iba a correr. Tuvo que agarrarse con las dos manos a sus caderas para empezar a inyectarle andanada tras andanada de espeso y caliente semen en lo más profundo de su culo. Se quedó tenso, con los ojos fuertemente cerrados, descargándose y sintiendo el mayor placer de su vida.

Quedó allí, en pie. Con los ojos cerrados. La polla dentro del culo de Diana. La sintió moverse y su polla salió del cálido culito. Seguía con los ojos cerrados, hasta que notó algo. Los abrió para descubrir a Diana, que arrodillada, se metía su polla, en la boca. Lo miraba con aquellos dos preciosos ojos. Se la sacó un momento.

-Antes no me dejaste probar tu lechita. ¿Te queda aún?
-Me cago en la leche! De verdad que era la zorrita más grande que me he encontrado en mi vida. Algo quedará, pero te va a costar sacarla, preciosa.
-Ya veremos.

Había unos cartones por el suelo. El tipo los cogió y los puso sobre una caja de cervezas, para poder sentarse. Diana se acercó gateando, contoneándose como una gata caliente. Iba en busca de su lechita.

La polla se había aflojado un poco. Habían sido dos corridas espectaculares y seguidas.

-Es toda tuta, putita. A ver si consigues otro lecherazo.
-Si te queda leche en los huevos te la voy a sacar. Bájate los pantalones.

No sólo se los bajó sino que se los quitó, y los calzoncillos. Se sentó en sobre la caja y Diana se acomodó entre sus piernas, llevándose enseguida la menguante polla a la boca. La chupó despacito, pasándole la lengua, mirándolo a los ojos. La polla respondió enseguida, y se puso otra vez bien dura.

Entonces empezó con la mamada profunda, tragándose toda la polla, hasta que su nariz chocaba con el pubis del hombre.

-No me puedo creer que te tragues toda mi polla.

Lo miró. En sus ojos había orgullo. El orgullo de la zorra que sabe que es la mejor mamona del mundo. La cogió del pelo y tirando de él guiaba la cabeza, haciéndola tragar su polla.

De vez en cuando se la sacaba de la boca para lamer todo el tronco, hasta llegar a los huevos. Los chupaba, los lamía, volviendo a subir y volviendo a tragarse la polla.

Después de cinco minutos de mamada, estaba claro que le iba a costar sacar más leche de aquella polla. Estaba dura, pero no se corría. Diana recordó que había un profesor al que también le costaba hacer correr. Utilizaba entonces un método infalible. Lo probaría con este tipo.

Lo hizo echar hacia atrás y sacar más el culo de la caja. Se llevó dos dedos a la boca y se los chupó, ensalivándolos bien. Entonces los llevó hasta el culo del maromo y empezó a meterlos.

-HEY! ¿Qué coño haces?
-Tranquilo, tío. Déjame y ya verás como te gusta.
-Que no soy marica.
-Jajaja no importa.

El tipo tenía que reconocer que no era desagradable del todo la sensación de los dos dedos en su culo. Y cuando volvió a meterse la polla en la boca, el placer aumentó. Diana le follaba el culito mientras le mamaba la polla. Se puso más dura.

Pero eso no era todo. Diana buscaba la próstata. El profesor le había enseñado que si la frotaba con los dedos, el placer era indescriptible. Y cuando el tipo empezó a gemir de placer, supo que había encontrado el punto.

-Aggg joder…que ..rico…agggggg

En menos de un minuto del uso combinado de la caliente boca y una mano, y los dos dedos dentro del culo, Diana consiguió hacerlo gritar y correrse. Esta vez la corrida la recibió sobre la lengua, con la boca bien abierta, para que él viera como su leche salía disparada. No fue tan abundante como las dos anteriores, pero sí lo suficiente como para que Diana la saborease con placer.

Diana salió del local meneando el culo, despeinada. Con un chupetón en el cuello y con moratones en las tetas. Los clientes miraban a aquella preciosidad vestida de rojo. Desde la puerta, se dio la vuelta y les mandó a todos un beso. En el almacén, el afortunado tipo seguía sentado en la caja de cervezas. Lo que le había pasado tenía que ser un sueño. Y encima, la final aquella maravillosa zorrita le había follado el culo. Se decía que él no era marica, pero ..Qué diablos. Jamás había sentido tanto placer.

Al poco de haberse ido Diana de su casa, su padre se fue a trabajar. Ana se quedó sola. Se puso a pensar en el cambio radical que había dado su vida en dos días. No se podía quitar a Ramón de la cabeza. Como la trataba. Su enorme polla. Y el vestido que le regaló. Se veía tan hermosa con él puesto.

Decidió ir a dar un paseo. Buscó entre su ropa. Todo eran trajes sin gracia, grises, tristes, feos. Como había sido su vida. Temiéndolo todo. Siempre tratando ser recta. De seguir las escrituras. Todo lo bueno era pecado.

Encontró un pantalón y una camisa. Eran viejas. Ere la ropa que llevaría una mujer mucho mayor, pero era lo más moderno que tenía. Se lo puso y salió.

Vagaba por las calles, pensando, sin rumbo fijo. Al pasar por delante de unos grandes almacenes se quedó mirando los escaparates. Contempló los maniquíes. Observó las ropas que llevaban. Por primera vez no veía pecado. Sólo veía ropa.

Al fondo había un maniquí con lencería. Un sostén y una braguitas a juego, con encajes. Se preguntó como le sentarían a ella cosas así y no las bragas-sábana que llevaba. Entró y se puso a mirar.

Había tantas cosas bonitas. No sabía por donde empezar. Se encontró con un conjunto de lencería negro, formado por un sujetador de encaje, con tela negra transparente. Las braguitas a juego dejaban casi todo el culo al aire. Además tenía ligero y media negras, todo a juego.

-Estaría vd. espectacular con eso puesto.

Ana se sobresaltó. Era una de las dependientes, una chica joven, un poco mayor que Diana.

-¿Tú crees?

-Por supuesto. ¿Se lo quiere probar?

-No sé.

-Hágame caso.

-Vale – le contestó, sonriendo.

La acompañó al probador. Ana entró y cerró la puerta. Se desnudó y se empezó a poner el conjunto. Después se miró al espejo. Le quedaba maravillosamente. En verdad parecía una modelo. Se contempló desde todos los ángulos Se puso las medias, pero el ligero no sabía como iba.

-¿Cómo le queda? – le preguntó la chica desde el otro lado de la puerta.

-Bien..bien..Pero esto no sé como va.

-¿Le echo una mano?

Era una mujer. Se suponía que entre mujeres era normal.

-Vale. Pasa.

Cuando la chica abrió la puerta y la vio, se quedó con la boca abierta. Con el traje que llevaba antes Ana no se adivinaba el precioso cuerpo que tenía. Y con ese conjunto estaba espectacular. En la mano tenía el ligero.

-Señora! Wow. Le queda estupendo

-Esto no se como ponerlo.

La chica entré en el pequeño probador y cerró la puerta. Le indicó como se ponía, como engancharlo a las medias. Las dos miraron su imagen reflejada en el espejo.

-Su marido se la va a comer, señora.

Ana sonrió. No pensaba en Valentín. Pensaba en Ramón. Aquello era para Ramón.

Ana se miraba. La chica la miraba a ella. Acercó una mano y tocó la tela del ligero.

-Es muy suave, verdad?

-Sí

Y entonces, la chica le acarició la piel de los muslos.

-Su piel también es muy suave – le dijo, mirándola a los ojos

El corazón de Ana empezó a latir. Sintió que su vello se erizaba. Pero no se movió. No dijo nada. La chica tomó eso como una invitación y fue subiendo la mano, acariciando con sus yemas la fina piel de Ana.

-¿Qué…qué haces? – consiguió decir.

No contestó. Siguió subiendo la mano hasta llegar a su coñito. Por encima de la fina tela lo acarició. Ana se estremeció. Y se empezó a mojar. No podía creer que se estuviera excitando porque la acariciara una jovenzuela como aquella. Pero después de lo Ramón ya todo era posible.

-Eres preciosa, y con estas prendas…ummmmm

Se acercó a Ana y la besó en los labios. Ana sintió que los labios de la chica le quemaban. Y cuando la mano de la chica se coló por debajo de la tela de las braguitas, cerró los ojos y abrió los labios. La lengua de la dependienta se coló en su boca.

Con delicadeza, la chica introdujo sus dedos en la rajita de Ana. La encontró mojada. La empezó a masturbar, y Ana gemía en su boca. Cada vez se mojaba más, se excitaba más, pero de repente la apartó. Le quitó la mano de entre sus piernas.

-No puedo…lo siento.

La chica sonrió.

-No pasa nada. Espero que la persona para la que vas a comprar esta ropa si que te disfrute.

La chica se fue y la dejó sola. Ana se quitó el conjunto y se puso su ropa. Salió y fue a la caja. La chica la miraba desde lejos, sonriéndole. Ana le devolvió la sonrisa.

Salió de la tienda con la bolsa en la mano. Cuando vio su reflejo en el escaparate, se dio cuenta que tendría que cambiar de ropa. La nueva Ana no vestiría más de abuela.

Llegó a su casa y escondió su compra. Se puso luego a preparar la cena. Cuando Valentín volvió, Diana aún no había regresado.

Lo recibió con un beso en los labios. Pequeñito, pero en los labios. Le daba muy pocos besos a su marido.

-Hola mi amor.

-Hola Valentín. ¿Que tal el trabajo?

-Bah, lo de siempre. ¿Volvió ya Diana?

-No. No te preocupes por ella. Ya es mayor.

-No. Si no me preocupo por ella. Es por ti.

-¿Por mi?

-Si. Me sorprendió mucho que la dejaras salir.

-Ya es mayorcita.

Por supuesto que ya era mayorcita. Y una zorrita de cuidado. Pero eso ella no lo sabía. O eso creía Valentín.

-Cree que he sido…demasiado estricta con ella. Y…y contigo. Lo siento.

Lo abrazó. Valentín se sorprendió. Ana nunca lo abrazaba. La cogió en sus brazos. La amaba. Si sólo fuera más…normal. Si no hubieran llenado la cabeza con aquellas estúpidas ideas.

Ana sintió el calor de su marido. Lo quería. La había aguantado todos estos años. Se había conformado con el poco sexo que le daba. Y ahora, ella, se había comprado lencería para otro hombre. En vez de dárselo todo a su marido, al hombre al que amaba, se lo daba a otro. Era una hija de puta.

Le pondría remedio. Cogió a Valentín de la mano y lo llevó al salón.

-Espérame aquí, mi amor. Tengo algo que enseñarte.

Valentín estaba perplejo de verdad. Su mujer se comportaba de manera extraña. Allí sentado, esperó unos minutos.

Por la puerta apareció una preciosa mujer. Iba con un precioso conjunto de lencería negro, con encajes, medias y ligero. Era Ana. A Valentín se le iban a salir los ojos de las órbitas. No sólo porque fuera Ana, su mujer, su beata mujer, la que se vestía de aquella forma. Es que era la primera vez en su vida que le veía el cuerpo. Y se dio cuenta de que su mujer tenía un cuerpo precioso. Que aquellas prensas sólo resaltaban lo que ya había.

-ANA!

-Valentín, mi amor..durante todos estos años me has aguantado. A pesar de haberme comportado contigo como una auténtica hija de puta, no me has abandonado y te conformaste con lo poco que te di. Por eso, ahora, quiero que me trates como lo que he sido, como a una puta. Hazme tu puta. Úsame para el placer que siempre te he negado.

Se acercó a él. Valentín aún estaba mudo, petrificado. A ver si todo lo que le había contado ella sobre los demonios era verdad y resultaba que una la había poseída.

Ana llegó junto a él y se arrodilló entre sus piernas. Le puso las manos en los muslos.

-¿Quieres que tu esposa te haga una mamada?

-“Bendito demonio. No salgas nunca de ella”, se dijo Valentín mientras se bajaba la cremallera.

Parte 12

Ana esperaba, arrodillada entre las piernas de su marido, a que éste se sacara la polla. Lo miraba a los ojos. Vestida con aquel precioso conjunto de lencería negro que no hacía más que resaltar su bello cuerpo. Cuerpo que Valentín nunca había visto a pesar del los muchos años de matrimonio.

De repente, Valentín se paró. Se empezó a preguntar qué pasaba. No era normal que su esposa se comportara así. Primero, dejando salir a Diana, y ahora esto.

-Ana..¿Por qué haces esto?

-Mi amor. Me he dado cuenta de que he sido una tonta todos estos años. Creyendo en palabras vacías.

-No me entiendas mal. Estoy encantado de este….cambio. Pero..¿Qué te ha hecho cambiar así?

Ella se quedó callada. No se lo podía decir. No sabía como reaccionaría. Lo había traicionado. Aunque gracias a esa traición había cambiado.

Valentín empezó a sospechar que aquello no podía ser sólo porque ella se diera cuenta de que en lo que había estado creyendo era todo mentira. Allí había algo más. Se subió la cremallera. Aunque en ese momento deseaba con locura a la bella mujer que estaba arrodillada a sus pies, tenía que saber el por qué. Tenía que saber qué había logrado hacer lo que el intentó durante tanto tiempo sin conseguirlo.

-Ana…

-Dime.. – le dijo sin mirarle a los ojos.

-¿Qué ha pasado?

-Mi amor…¿Importa? ¿No te basta con que haya cambiado?

-Necesito saberlo.

Ana se levantó y se sentó a su lado. No lo miraba. Sentía mucha vergüenza. Empezó a hablar.

-El otro día escuché una conversación de Diana con un hombre.

-¿Con un hombre?

-Sí. Quedaba con él para verse al día siguiente. Oí la dirección. No podía permitir que ese hombre pervirtiera a mi niña. Así que fui a verle para pedirle que la dejara. Pero se rió de mí. Me dijo que..que Diana era una…

-Zorra.

-Sí. Y entonces hizo algo que…Se sacó su…polla. Traté de salir corriendo, pero no pude. Algo dentro de mi me lo impidió. Ese hombre me trató duramente, como a una…zorra. y…Valentín..me…me gustó. Ese hombre…ese hombre eyaculó sobre mi, y yo en vez de gritar, en vez de impedirlo, se lo permití.

Valentín sintió que la sangre le empezaba a hervir en las venas.

-¿Y qué más? – preguntó, procurando parecer calmado.

-No pude dejar de pensar en lo que había hecho. No me lo sacaba de la cabeza. Me sentía confusa.

-Y volviste a verlo.

-Sí.

-¿Te folló?

-Sí.

-Y esto que llevas puesto..¿Era para mi o para él?

-…Para..él

Valentín se levantó. Empezó a dar vueltas. Estaba enfadado. Tantos años intentado que su esposa fuera más receptiva al sexo, y un desconocido lo lograba en un sólo día.

-¿Cómo se llama?

-Ramón.

-¿Ramón? ¿Un tipo con una polla enorme?

-Sí – dijo Ana, un poco extrañada de que su marido conociera ese detalle.

-Jajajaja. Esa Diana es más zorra de lo que pensaba. La muy cabrona quedó con él. Pero tú eres tan zorra como ella. Una simple polla y todos tus esquemas a la mierda.

-Lo siento…

-Yo no. Ahora tengo en casa dos auténticas putitas. Tenías que haber visto como Diana se tragaba la polla de Ramón.

-Tú…¿Lo sabías?

-Jajajaja. Claro. ¿Cómo crees que conoció tu niña buena a Ramón? Yo la llevé al garito en donde trabaja él, pare presumir de zorrita. Hice que les chupara la polla a todos lo que allí habían. Es muy obediente.

Ana lo miraba, asombrada. Sin poder creer lo que oía.

-Y..¿Tú la has..?

-¿Follado? Todos los días. A tu niña le gusta más una polla que a un niño un caramelo. Yo la enseñé a tragarse una polla hasta la garganta. Y ahora voy a enseñarte a ti, putita.

La cogió por el pelo y la obligó a arrodillarse delante de él.

-Sácame la polla.

Ana obedeció sin rechistar. Su coño se le empezaba a mojar. Le bajó la cremallera y le sacó la polla. Se la veía por primera vez. Le gustó. No era como la de Ramón, pero le gustó la polla de su marido. Abrió su boca y la acercó para chupársela, pero Valentín le tiró del pelo y la alejó.

-¿Te he dicho que me la chupes?

-No.

-Pues hazme caso, o tendré que castigarte. Aunque mira, te voy a castigar. Después de todo me has puesto los cuernos.

-Y tú a mi, con mi hija.

-Mira! Me ha salido contestona la zorrita. Pues ahora castigo doble.

Se sentó en el sofá e hizo que su mujer se pusiera sobre él, boca abajo, como si fuera darle unas nalgas, cosa que era precisamente su intención.

Antes de empezar, admiró el cuerpo de su mujer. Era precioso, y aquel conjunto que la muy zorra compró para Ramón le quedaba muy bien.

Lo que pasó para que ella diera ese cambio tan espectacular tuvo que algo que la excitara como jamás lo había estado. Iba a utilizar eso para llevarla otra vez a ese estado.

Le dio una sonora nalgada. Fue más el ruido que el daño. No deseaba hacerle daño a su mujer. Pero ella se quejó como si le hubiese pegado más fuerte.

.-Ah

-Calla puta. – Le dijo dándole otra nalgada.

Después acarició el bello culito de su mujer, y cuando ella empezó a gemir, PLAS! Otra nalgada.

-Así que fuiste a ver a Ramón para decirle que no pervirtiera a tu niña y el muy cabrón se sacó la polla.

-Sí.

-¿Es grande, eh? – Plas!

-Ahhh Sí..no creí que hubiese pollas así.

-¿Y Que hizo? . Plas!

-Ah…se…se empezó a masturbar delante de mi cara.

-¿Por qué no te fuiste? – Plas!.

-Ah…No..no lo sé…No tenía voluntad. Era como si algo me retuviera allí.

-Lo que retenía era que siempre has sido una puta y no lo sabías. -Plas!

-Ah…Sí..soy..una…puta…y me portado muy mal…Pégame

PLAS! PLAS!

La otra mano la metió por debajo de las bragas, y pasó los dedos por la rajita que separaba las nalgas.

-Abre las piernas.

Ana obedecía. Valentín, al llegar a su coñito, comprobó que era un mar de jugos.

-Pero si estás empapada. Recordar esa enorme polla delante de tu cara te pone cachonda, ¿Verdad? – PLAS!

-Ahhh si..Él…o dios mío…el se…se corrió en mi cara.

-PLAS!

-Y yo….Agggg me ..me corrí también.

-Zorra

Le metió dos dedos en el culito y Ana ya no pudo más y se corrió, gimiendo y restregándose contra la polla de Valentín, que la sentía dura en su barriga.

-Mira la zorra esta como se corre si le follo el culito con los dedos -PLAS–¿No te habrá dado por el culo, no?

-Agggg no..no..pero…a….a..a Diana sí.

-Coño.

-Me dijo que ella fue a verlo para eso.

-Cuando nos la follamos los dos no quiso que él la enculara, y ahora me dices que ella fue a buscarlo. Es más zorra aún de lo que creía. Tendré que hablar con Ramón.

-¿Para qué?

-PLAS!.. ¿Para que va a ser? Para que te meta su pollón por el culo, claro.

-Ahhh, pero…me..lo romperá

-Jajaja, no creo. Mira tu niña buena, ella si le la tragó por detrás

-Pero ella…estaría acostumbrada.

-No te preocupes, que cuando lo vaya a hacer ya lo llevarás bien abierto. PLAS! Y ahora vamos a ver que tal eres tragando pollas.

La hizo levantar y luego arrodillar delante de su polla. Esta vez ella sólo miró. Había aprendido quien mandaba.

-Cuando se chupa una polla arrodillada así, hay que mirar a los ojos del dueño de la polla, ¿Entendido?

-Si.

Lo miró. Que hermosa era. Que distinto hubiese sido todo si ella no hubiese sido como había sido.

La cogió del pelo y acercó su cara su polla. Se la restregó por ella, pasándola por su frente, sobre sus ojos, por sus mejillas. Ella no apartaba su mirada de él.

-Abre la boca

Cuando Valentín le empezó a meter su polla en la boca, se sintió feliz. Estaba cumpliendo uno de sus más ansiados deseos. Que su mujer se la chupara. Le soltó la cabeza. La dejó a su aire.

Con el coño otra vez chorreando, Ana empezó a mamar la polla se su esposo. La podía manejar mejor que la de Ramón. La podía disfrutar más. Le podía enroscar su lengua alrededor mientras entraba y salía de su boca. Y se la podía meter hasta la mitad. Ella se la sacó un momento de la boca.

-¿Me puedo tocar?

-Ummmmm vale, putita. Tócate si quieres.

A Valentín le encantaba que ella fuese tan sumisa. Había aprendido deprisa. Miró como ella metía una de sus manos por dentro de sus bragas, metiéndose otra vez la polla en la boca.

-Trágatela toda.

Ana lo intentó, pero se la sacó de la boca, tosiendo.

-No..no puedo.

-Claro que puedes. Hazlo despacito, no de golpe.

Lo intentó otra vez. Cuando notó la arcada, se paró, pero Valentín la cogió por la cabeza y empujó, despacio, pero con firmeza. La polla pasó el punto crítico, y la dejó unos segundos allí. Luego la sacó.

Fue repitiendo la operación. Cada vez llegaba más adentro. Cada vez las arcadas eran menores. Cuando Ana se quiso dar cuenta, su nariz estaba pegada al pubis de su marido. Lo había conseguido. Tenía toda su polla dentro. Cuando Valentín comprobó que Ana aguantaba, empezó a follarle la boca. Con sus manos en la cabeza de ella, metía y sacaba su polla de la boca de sus esposa, que arrodillada se frotaba el coño al ritmo de la entrada y salida de la dura barra de carne.

-Ahhhh así..zorrita. Ya sé a quien sale Diana…Las dos sois unas auténticas traga pollas…

Valentín se la follaba rápido, pero de vez en cuando paraba, le sacaba la polla de la boca y se la pasaba por la cara, dejándola toda brillante con la saliva. Ana cerraba los ojos, sintiendo la caricia en su cara. Se quería correr, necesitaba correrse, pero quería hacerlo cuando recibiese su regalo.

-¿Te correrás en mi carita?

-Me correré en donde me de la gana, zorra.

Pues claro que se correría en su preciosa cara. Era uno de sus más íntimos deseos. Se la volvió a meter en la boca, hasta el fondo, y ya no paró de follársela hasta que notó que el orgasmo llamaba a su puerta, imparable. Con las manos agarrando con fuerza la cabeza de su esposa, le sacó la polla de la boca. Sin tocarse. sólo mirándola, su polla empezó a dar saltos. Cada salto era un latigazo de placer. Cada salto un chorro de espeso y cálido semen que caía sobre la cara de Ana. Ella, al sentirlo, ya no se retuvo y permitió a su propio orgasmo florecer.

La polla seguía teniendo espasmos, seguía corriéndose sobre el bello y ofrecido rostro, y el cuerpo de Ana temblaba con los espasmos de su orgasmo.

Cuando el placer terminó, Valentín dejó la polla sobre la cara de Ana. Estaba cubierta de semen. Y sonreía. De pura satisfacción.

Con un dedo, Valentín empezó a recoger su leche y la llevó a la boca de Ana. No tuvo que pedirlo. Ella lo chupaba y tragaba con placer.

-Vas a ser una buena putita, Ana.

-La mejor.

-Jajajaja No sé si podrás pillar a Diana. Te lleva mucha ventaja.

La hizo levantar, la abrazó y la besó. Ella respondió al abrazo, al beso. Había disfrutado mucho con su esposo. Con Ramón era más..salvaje, puro sexo. Con Valentín, además, había amor. Era más completo, más..satisfactorio.

Sintió las manos de él acariciar su culito. Contra su barriga, la aún dura polla.

-Qué culito tiene mi putita. Vamos a tener que prepararlo.

-¿Prepararlo?

-Si quieres ser tan zorra como Diana tendrás que ser enculada por Ramón. Por eso tendremos que ir preparando tu culito para su pollita.

-¿Pollita?

-Jajajajaja. Arrodíllate sobre el sofá, con el culito en pompa.

Lo hizo, apoyando la cabeza en el respaldo.

-Joder, Ana. Pero que buena estás. Todos estos años tenía ese cuerpo a mi lado y no lo pude disfrutar.

.Lo…siento.

-Bueno, voy a recuperar el tiempo perdido.

Se puso detrás de ella. El culito quedaba a la altura justa, pero antes le quitó las bragas, y luego se arrodilló, para besar las preciosas nalgas.

-Me encanta tu culito, zorrita.

Lo abrió con las manos y empezó a lamer la rajita, especialmente el cerrado ano. Ana gemía. Aquella intima caricia le encantaba.

-Perra.

-Hmmmm ¿Sí?

-Te voy a dar por el culo.

-Hmmmmm

Valentín se levantó. Era la primera vez que una polla iba a entrar en el culito de Ana, y pensó en usar algo de crema. Pero se dijo que no. Un poco de dolor no era nada comparado con los años de sufrimientos que elle le había hecho pasar. Aún así, lo haría con cuidado.

Apoyó la punta de su polla contra el esfínter, puso sus manos en las caderas y empujó. Pero la polla no entraba.

-Relaja el culo, perra.

-Lo intento..

Volvió a empujar. Pero nada. Entre lo cerrado que estaba y que ella lo contraía, no había manera. Así que se la cogió con una mano para poder empujar más. Ella, en vez de abrirse, apretaba más.

PLAS!!

-Que te relajes.

Cuando notó que ella relajaba el ojete, apretó y la punta de la polla entró.

-Agggggggggggg me…duele..

-Ya se te pasará. Tú relájate. Tócate el coño.

Ana llevó una de sus manos a su coñito y se empezó a tocar. Ahora sentía el placer de sus dedos y el dolor en su culito. Pero era un dolor soportable. Valentín se había quedado quieto, y su culito se fue acostumbrando. Ya casi no le dolía.

Él empezó a apretar más, enterrando poco a poco su dura polla en el culito de su mujer.

-Agggg… como la siento….me llena toda…

-Es que te la acabo de meter toda en el culito.

Estuvo un rato con la polla completamente dentro. Ese culito estaba muy apretadito. Era un placer tener la polla clavada allí.

-Ahora, putita, pídemelo.

-Ummm ¿El ..qué?

-¿Qué va a ser? Que te de por el culo.

-Mi amor…

-¿Sí?

-Dame por el culo.

-¿Qué?

-Que me des por el culo.

-Ummm, no te oigo, zorra.

-Que me folles el culooooo – le gritó

-Ah, ahora sí.

La agarró por las caderas y empezó una fuerte follada. Cuando empujaba y se la clavaba hasta el fondo la empujaba contra es respaldo de sofá

-Aggg que culito tienes, perra. Que gustito me da follártelo.

-Aggggg siiiii dame por el culo….soy tu perraaaaaa

Ana sentía como la polla de Valentín la quemaba por dentro. El dolor disminuía poco a poco, dejando paso a un intenso placer, aumentado por sus dedos en su coñito.

Valentín se dio cuenta de que el cuerpo de Ana se tensó y de que ella cerró los ojos con fuerza, que su culito se apretaba alrededor de su polla.

-¿Te estás corriendo?

Ella no pudo contestar. El tremendo orgasmo se lo impedía. Valentín le dio una nalgada.

-PLAS! córrete, zorra…Ya verás cuando Ramón de rompa el culo..PLAS!

Los golpes, sus palabras, su polla, todo junto, provocaron que el orgasmo de Ana no acabara, que uno nuevo se sumara al anterior. Apretó su boca contra el sofá y gritó con todas sus fuerzas. El sonido se amortiguó, pero aún así fue un buen grito, de puro placer.

Valentín aumentó su cadencia hasta que sintió que se iba a correr.

-Putita mía…te voy a llenar el culito….me voy a…correr….agggg

Ana puso toda su atención. A través de sus ano pudo sentir como la polla se estremecía con el paso del semen, y como milésimas de segundo después el calor la inundaba, provocándole el último orgasmo. Valentín la apretaba con fuerza, dejando la blanca marca de sus dedos sobre la piel de ella. Durante la eyaculación no se movió apenas. Sólo sentía los fuertes espasmos, los poderosos chorros lanzados en lo más hondo de su esposa.

Los dos quedaron exhaustos. Valentín se sentó al lado de Ana, que seguía a arrodillada sobre el sofá. Se miraron. Ambos sonrieron. Ana fue a besarlo.

-Antes límpiame la polla, putita.

No se lo tuvo que repetir. Ana se agachó y se metió la menguante polla en la boca. La chupó y la lamió hasta dejarla bien limpia.

-Ahora sí.

Se abrazaron y se besaron. Ahora con ternura. Ahora con amor.

-Ana..te quiero.

-Y yo a ti, mi vida. ¿Me perdonarás algún día?

-Ya te he perdonado.

-Gracias. -le dijo, con lágrimas en los ojos.

Estuvieron un rato abrazados.

-¿Tarda mucho Diana, no? – preguntó Ana. – Voy a llamar a sus amigas…

-Jajaja. ¿De verdad crees que ha salido con sus amigas?

-¿No?

-Seguro que se ha pasado la tarde follando por ahí. No la conoces tú bien.

-Mi niña buena.

-Jajajaja. Buenísima.

-¿Iremos mañana a la fiesta?

-¿Qué fiesta?

-La del cumpleaños de tu abuela.

-Joder, no me acordaba. Que tostón. Aguantar a la familia.

-A tu abuela le hará ilusión verte. Ya está mayor.

-Bueeeno. Iremos. Ahora vamos a vestirnos, que no quiero que Diana nos pille así.

-¿Por qué no?

-Todavía no quiero que conozca a mi nueva putita.

-Como quieras.

Cuando Diana llegó, ya cambiada, los saludó como si nada hubiese pasado.

-Hola mami. Hola papi.

-¿Qué tienes en el cuello? Parece un chupetón.

-¿Eh? o no…me picaba y me he rascado. Me debe de haber picado algún bicho. Me voy a duchar.

-¿lo has pasado bien con tus…amigas?

-Oh, si, mucho mami. Gracias por dejarme ir.

Le dio un beso y se fue al baño. Cuando Valentín el agua, entró, sin hacer ruido en el baño, se acercó a la ducha y abrió las cortinas de repente. Diana dio un respingo.

-Coño, papi. Que susto.

-¿También te picó un bicho en las tetas?

Diana se miró. Tenía pequeños moretones. El tipo había sido un poco bruto. Ella lo miró.

-¿Cuántos te han follado?.

-Sólo uno.

-No me mientas

-De verdad, sólo ha sido uno.

-¿Y Ramón?

Diana se quedó congelada. ¿Cómo sabía lo de Ramón?

-Jajajaja, no seas tonta. No pongas esa carita de susto. Ya sé que con lo zorra de eres necesitas muchas pollas. Pero siempre serás mi zorrita, ¿verdad?

-Siempre, papi. Siempre.

-Bueno, límpiate bien. No tardes. Vamos a cenar.

-Vale papi.

-Ah, mañana por la tarde vamos a casa de la abuela. Es su cumpleaños.

-Jooo, con tanto carcamal. ¿Tengo que ir?

-Por supuesto.

-Vaya aburrimiento.

-Te aguantas.

Diana odiaba esas reuniones familiares. Sólo iban vejestorios. Y encima tenía que hacer el papel de niña buena. Pero bueno. Un día es un día, se dijo.

Por la noche, en su cama, Diana esperaba que su padre viniese a ‘verla’, pero no apareció. Se tuvo que conformar con hacerse una buena paja con las bolas chinas. Lo que no sabía es que su padre no fue a verla porque le estaba follando otra vez el culito a Ana. Fue una larga enculada, que arrancó varios orgasmos a la mujer antes de que le llenara el culito con la caliente simiente.

Después, abrazados nuevamente, Valentín le pidió a Ana que se comprase ropa nueva. Ropa normal. de mujer moderna. Y uno para él.

Por la mañana, como siempre, Valentín fue a ver a Diana

-¿Cómo está mi putita?

-Buenos días, papi. ¿Estás enfadado conmigo?

-No. ¿Por?

-Es que anoche no viniste a arroparme.

-Es que le estaba dando por el culo a tu madre.

-Jajajajaja claro!

-Y ahora te toca a ti – le dijo, sacándose la polla

Sin besos, sin preliminares. Diana se puso a cuatro patas sobre su cama y Valentín le metió la polla hasta el fondo, agarrando sus caderas y enculándola con fuerza, dándole sonoras nalgadas que a ella le encantaban

-Así que el otro día no quisiste que Ramón te follara el culito para que yo lo viera y después vas para que te lo haga.

-Agggg papi…es que..

-PLAS! Es que eres un putón!

-Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Diana se empezó a correr. Todo el cuerpo le empezó a temblar. Sus dedos como garfios se aferraron a las sábanas- Valentín le sacó la polla del culo, la cogió por el pelo y la hizo arrodillar delante de él. Ella sabía lo que venía. Abrió la boca y la polla le entró hasta la garganta, en donde empezó a descargar su caliente leche.

-Ahora límpiame la polla, zorra.

-Si papi.

Diana quedó muy sorprendida del vestido que su madre se puso para ir al cumpleaños. Era nuevo, y además muy bonito. Nada de esos sacos que siempre llevaba. Y más se sorprendió cuando le dio un vestido para ella.

-¿Es para mí?

-Sí, quiero que vayas guapa.

Diana la abrazó. El vestido también era muy bonito. ¿Qué le pasaba a su madre? Primero la dejaba salir y ahora le compraba un precioso vestido.

La fiesta al final no era en casa de la abuela, sino en la de unos tíos de su padre, adinerados. Por lo visto se iba a reunir mucha familia y no cabía en casa de la abuela.

En cuanto llegaron, Diana vio que había mucha gente. Primos a los que no conocía o hacía mucho tiempo que no veía, como a los hermanos Jorge y Daniel, hijos de tío de su padre. Se fijó en ellos.

“Ummmm, después de todo a lo mejor me lo paso bien en la fiesta”

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